domingo 31 de enero de 2010

Sexo, drogas...

... y una tarde por las calles de Madrid. Donde el frío penetra por los huesos, pero donde el sol en la cara despierta las más agradables sensaciones. Donde sus estrechas y empinadas calles del centro invitan a perderse y recordar, soñar e investigar, desear y sonreír.

Madrid, esa ciudad castiza pero moderna. Grande, pero manejable. Europea, pero cercana. A veces agobiante, pero siempre acogedora. Madrid, odiada o adorada, según los ojos que la miren, según el alma que la viva.

Porque Madrid, no hay que visitarla, sino vivirla. Una cosa es pasar por ella como el turista que sólo ambiciona ampliar su lista de destinos, y otra muy distinta dejarse tocar por todos sus encantos, recorrer sus calles sintiendo la historia, dejándose envolver por su magia. Disfrutar de un bocadillo de calamares en las tascas más decadentes del entorno de la Plaza Mayor. Tomarse unas cañas, acompañadas de sus tapas, en el bullicio de La Latina. Dejarse llevar por sus contrastes... Porque Madrid es una ciudad de contrastes. En la que conviven pasado y presente, lo antiguo y lo moderno, la tradición y la innovación, lo acogedor y lo mundano... Madrid es una gran metrópoli, pero también un pueblo igual que cualquier otro de la vieja Castilla.

A pesar de la distancia, si has vivido Madrid (no confundir con vivir "en" Madrid), Madrid sigue viviendo en ti. Nada será comparable con el regusto de una capital sin rival. Una capital donde el anonimato y la cercanía conviven sin peleas. Donde las discotecas de referencia se mezclan con los bares de toda la vida.

Una ciudad donde no podrás sentirte fuera de lugar, porque en Madrid cada uno encuentra su sitio. Y sobre todo, un cruce de sentimientos, de recuerdos, de pasado, presente y futuro. De amistades que marcarán para toda la vida, estén o no estén presentes en tu día a día, estén o no a tu lado, sigan ahí o hayan desaparecido sin saber por qué.

Hace tiempo me dejé llevar por la prosa de Juan Rulfo, versionada por Sabina... llena de belleza y dolor.... "En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...". Sin embargo, y a pesar de que las palabras de Rulfo den mucho que pensar... "el corazón tiene razones que la propia razón no entiende"... y la felicidad que Madrid ha compartido generosamente conmigo no puede competir con el vacío que queda tras la partida, por lo que de una u otra manera, siempre volveré, unas veces a recordar con melancolía y dolor, otras, a dejarme llevar por el cariño de quien Madrid me regaló.


domingo 24 de enero de 2010

La memoria selectiva

Es una verdadera lástima que los seres humanos seamos tan selectivos a la hora de recordar. La memoria selectiva tiene sus ventajas, claro está. Es cierto que gracias a esta capacidad de nuestra mente, podemos seguir adelante sin torturarnos con los malos recuerdos.
Sin embargo, en ciertas ocasiones somos nosotros, conscientemente, los que hacemos por borrar, sin saber por qué, momentos felices, personas importantes en nuestra vida, quedándonos sólo con lo malo... satanizando a quienes fueron tan especiales para nosotros.

A lo largo de la vida sufrimos múltiples decepciones, siendo las más dolorosas aquellas que no esperamos. Cuando adquirimos experiencia, podemos prever cuándo una persona nos puede fallar, podemos adivinar lo que puede dar de sí una relación, la capacidad de entrega de quienes nos vamos encontrando a lo largo del camino. Pero quizá por eso, la decepción no es tan grande cuando esas personas en las que no tenemos demasiada confianza, nos hacen daño. Es cuando la persona en la que verdaderamente confías, a la que crees conocer y consideras tan especial, de la noche a la mañana desaparece, dejando un gran vacío en tu interior... es en esas ocasiones cuando sufres una gran decepción, porque no llegas a entender que, tras todo lo vivido, sufrido, reído, llorado, compartido, tras todo ello, no entiendes cómo esa persona puede llegar a desprenderse tan fácilmente de lo que un día sintió.

Todos cometemos errores. Todos tenemos nuestros días buenos y malos. Todos, absolutamente todos, deberíamos pedir perdón por nuestra dejadez, nuestros fallos, nuestros defectos. Son esos errores los que nos hacen humanos. Nadie es perfecto. Y sin embargo, algunas personas prefieren verse a sí mismas como libres de toda culpa frente al otro, que, a sus ojos, acumula tantos fallos y defectos que son merecedoras de desprecio y vacío.

Si en vez de recordar lo malo, mirásemos las virtudes de quien un día fue especial en nuestra vida, las decepciones serían menores. Pero recordar lo malo quizá sea una forma de justificarnos a nosotros mismos que nuestra decisión de dejar de lado a esa persona a la que quisimos es correcta, que tenemos razón, que el daño que nos han hecho es tan grande que esa persona, tan imperfecta, no merece nuestro cariño, nuestro recuerdo, nuestra palabra. Una verdadera lástima.

martes 19 de enero de 2010

Banalidades de media tarde

Una mesa de estudio plagada de papeles, libros, bolígrafos. Una agenda abierta. Unas gafas de lectura fuera de su funda, perdida en alguna parte debajo de tantos enseres. Notas-recordatorio "decorando" la pared. A simple vista, podría decirse que esto es la descripción de un auténtico desastre. Pero observando más detenidamente, nos adentramos en un mundo propio, lleno de sentido, aunque a veces no lo parezca.

¿Es el desorden material reflejo de una mente caótica? La respuesta más sencilla nos conduce a esa asociación, que quizá no sea tan acertada, o al menos no en todos los casos, o al menos, no de forma automática. Si nos hacemos la pregunta inversa, ¿acertaríamos? ¿Es la meticulosidad, el orden más pulcro, expresión de un mismo grado de esmero en el orden de la persona que posee esta cualidad? La respuesta tampoco debería darse por supuesta. En ambos casos caeríamos en el determinismo fácil. Y la vida no es tan sencilla.

Sin embargo, me resulta interesante dejar de lado por un momento las tareas y pensar en esta banalidad que es el orden en la mesa de trabajo. Quizá el orden extremo en lo material sea una forma de ocultar un interior dominado por el caos, una manera de esconder esa "flaqueza" y mostrar un aparente control de nosotros mismos a través de lo que nos rodea, de lo que poseemos.

A lo mejor el desorden no refleja necesariamente el mismo desastre a nivel interno, y sólo sea una muestra de descuido. Quién sabe si las personas aparentemente desordenadas tienen las cosas tan claras en su cabeza que no les importa demostrar, de cara a los demás, algo que no son. En muchas ocasiones, para la persona desordenada, en el caos de su mesa de trabajo, todo ocupa el lugar que le corresponde, todo tiene un sitio, y nada se pierde...

Tras estas elucubraciones intrascendentes, vuelvo a mi escritorio caótico, pero con sentido, a sumergirme en el laberinto de mi mente, donde todo está "manga por hombro", pero donde nada está ubicado a la ligera.

sábado 9 de enero de 2010

Sola

Tirada en el suelo de la habitación, mirando al techo, como si fuera el infinito. Sola, sin más compañía que los libros y un ordenador que hace las veces de contacto con la realidad exterior. Sola con mis pensamientos. Como decía la canción, "sola en el olvido".

¿Qué sucede cuando el sentimiento de soledad es eso, un sentimiento, y quizá no sea una realidad? ¿Qué sucede cuando no existen motivaciones para sonreír, para pensar que hay algo o alguien esperándote a la vuelta? ¿Qué sucede cuando en tu interior no sientes más que vacío? No sucede nada, salvo dolor.

Sucede que, por muchos estímulos que recibas de tu alrededor, no tienes fuerzas ni para levantar la vista. Por mucho que te esfuerces en creer que sí hay alguien que te quiere sin motivo aparente, tal y como eres, por mucho que lo intentes, no ves más que dobleces, engaños y ocultaciones.

Y cuando intentas justificarte a ti misma tu forma de "vivir" la vida, sólo encuentras una respuesta: esto no es vivir.

¿Qué sucede cuando ni tú misma entiendes por qué te cuesta tanto abrir los ojos por las mañanas? ¿Qué sucede cuando no llegas a comprender por qué tu máxima satisfacción es que las horas pasen veloces? ¿Qué sucede cuando sientes que necesitas hablar, pero no encuentras con quién?

Cuando a lo largo de los años te has convertido, sin quererlo, en una persona hipersensible, en un ser humano frágil y complaciente, cualquier gesto, palabra o silencio se convierte para ti en un laberinto con infinidad de sentidos y explicaciones. Nada es tan sencillo como a simple vista parece. Tu mente gira sola, buscando los pros y los contras, los dobles sentidos, lo que se oculta tras cada palabra o cada pausa.

Y acabas agotada. Porque todo te supone un esfuerzo sobrehumano. Quieres dejar de pensar, pero no puedes. Quieres sonreír, pero tu mente busca cualquier recurso para hacerte suspirar.

Tus expectativas con respecto a la vida en general aumentan hasta horizontes inalcanzables, con lo que la frustración se convierte en tu día a día. La expectativa de un día nuevo no es suficiente; necesitas algo más, pues por ti misma no eres capaz de ser medianamente feliz. Eres totalmente dependiente del entorno, y cuando el entorno es "hostil" serás incapaz de desenvolverte. Necesitas (no deseas, quieres o esperas, no, "necesitas", casi fisiológicamente) la aprobación externa, un gesto de cariño que se te antoje sincero al cien por cien, el apoyo constante de las dos o tres personas que en tu vida cuentan con tu plena confianza.

Pero incluso esas personas no son infalibles. También ellas se levantan con el pie izquierdo de vez en cuando; también tienen días menos felices. Y cuando esto sucede, estás totalmente perdida, porque para ti son los únicos que pueden "salvarte".

Te conviertes entonces en un alma en pena, en un ser desesperado que busca que el equilibrio exterior del que depende se restablezca. Tus mecanismos de alarma se ponen alerta y tu mente empieza a trabajar a un ritmo vertiginoso. ¿Qué sucede? ¿Qué ha fallado? ¿Qué puedo hacer? Entonces tú eres quien te conviertes en un ser "supremo" que ayuda, apoya, escucha, soluciona, ofrece, ofrece, ofrece... y no demanda.

Cuando el equilibrio parece haberse recompuesto, comienzas a caer hasta alcanzar el subsuelo del que saliste. Al principio es un descanso, pues tus sistemas de emergencia se ralentizan y tu mente deja de trabajar a la actividad frenética que sólo consigue agotarte. Pero el equilibrio que tú consideras restablecido no es tal. El otro se ha hecho más fuerte, tú más débil. El otro ha aprendido que tú vas a estar ahí en los momentos de incertidumbre, que tú ofreces, ofreces, ofreces, y no demandas. Tú te has debilitado. Has aprendido que el "equilibrio" se romperá cuando tú bajes la guardia, cuando dejes de ofrecer, ofrecer, ofrecer, cuando demandes.

En el momento que demandas, en el momento que dejas de sonreír, en el momento en que necesites... todo se habrá roto para ti, porque nadie será capaz de retornar todo aquello que tú has ofrecido, ofrecido, ofrecido. La respuesta del otro jamás será proporcional a lo que tú consideras que necesitas... y te alarmarás, te hundirás, y llorarás. Pero a solas. Porque tú siempre estarás ahí para ofrecer y sonreír, no para pedir. Cuando lo intentes, obtendrás una respuesta superficial y a corto plazo, pero cuando vuelvas a tu soledad, sentirás que tus palabras no han servido para nada, y no sabrás si sentir rabia o tristeza, ira o vacío.

Sólo te quedarán tus libros y tu ventana al exterior. Sólo te quedará tumbarte en el suelo y mirar al techo, cerrar los ojos, y pensar en lo que deseas y jamás te atreverás a pedir...



Sola, sola, en el olvido
sola, sola con su espíritu
sola, sola con su amor el mar
sola, en el muelle de San Blas

Sola, sola se quedó.



Sola
Maná

jueves 7 de enero de 2010

Parches

Los parches sólo sirven para cubrir momentáneamente una herida o daño. Tapan, pero no curan. Esconden, no solucionan.
Por desgracia, a lo largo de la vida la mayor parte de los "remiendos" los hacemos a través de parches. Vamos tapando aquello que preferimos ignorar. Quizá no nos atrevamos a enfrentarnos a ello; quizá pensamos que la herida deje de doler con una cura superficial.
Pero lo cierto es que a quien padece el dolor, los parches no se lo alivian. Muy al contrario, en lugar de reducirse, las heridas crecen y se infectan, y se vuelven susceptibles a cualquier pequeño contratiempo.

Eso sucede con las heridas de la piel, y mucho más con las del alma. Cuando sientes que el dolor que reside en tu interior es tan grande que no lo puedes explicar, de poco sirve que los demás te den una palmadita en el hombro que sólo denota culpabilidad, pero no compromiso. Cuando lo que necesitas es cariño para llenar un vacío que da vértigo, no sirven los parches.

Una cosa es sufrir y necesitar apoyo; otra, ser tonto y no diferenciar el verdadero afecto de la compasión.

domingo 20 de diciembre de 2009

A pleno pulmón

Gritar a pleno pulmón, es lo que a todos nos encantaría hacer en algún momento de nuestra vida. Pero, generalmente, y salvo personalidades excepcionales, nos guardamos el grito y sonreímos... hasta que nuestras frustraciones, angustias y miedos se reflejan de forma patológica, en mayor o menor medida.

¿Cuántas veces te has callado lo que te molestaba de la persona que tienes delante para no crear un conflicto? ¿Cuántas veces has asentido sin más a lo que el otro decía, aunque eso supusiera hacer algo que no te apetecía? ¿Cuántas veces te has tragado lo que sientes por miedo a reacciones burlonas o de incomprensión?

Muchas. No, no muchas; todas.

Pero llega un día que, en la oscuridad de tu habitación, se te agolpan todas las ocasiones en que te has sentido avasallada, ninguneada e incomprendida. Aunque el o los objetos de tus iras silenciadas no hayan sido conscientes ni culpables de hacerte sentir así, lo cierto es que, tras largas temp
oradas de silencio, de alguna forma explotas, y culpabilizas lo que sea y como sea , por todos aquellos momentos en que no fuiste tú.

Todas aquellas veces que decidieron por ti. Todas aquellas veces que nadie te preguntó. Todas aquellas veces en que opinaron sobre ti sin que tú pidieses opinión. Todas aquellas veces en que te juzgaron, inco
nscientemente, y te sentiste humillada. Todas aquellas veces en que te sentiste tratada de forma diferente al resto de tus más cercanos o simples conocidos. Todas aquellas veces en que te has callado lo que deseas por miedo a las burlas. Todas aquellas veces en que te sentiste sola por miedo a molestar a los demás al pedir su compañía o consuelo. Todas aquellas veces en que te sentiste utilizada. Todas aquellas veces en que intentaste expresarte y te llamaron exagerada.

Todos aquellos momentos de soledad auto-impuesta por todas aquellas ocasiones en que los demás, por tu dejadez, pasaron por encima de ti.

Cada vez que observaste cómo todos tenían formas de hacerse oír, mientras que tú sólo sientías un nudo en el estómago que te bloqueaba. Cada vez que sentiste un vacío tan grande que dolía. Cada vez que intentaste hace
r ver lo que te pasaba, pero no supiste hacerlo de forma que sonase realista para los demás. Cada vez que te callaste algo que considerabas injusto, por el miedo a que sonase como una tontería o como un capricho. Cada vez que te sentiste egoísta por pensar que tenías razón, aunque ni siquiera te hubieses atrevido a decirlo. Cada vez que te castigaste por cobarde. Cada vez que te castigas. Cada vez que te humillas.

Cada vez que haces todo e
sto, empequeñeces. Y mientras una se hace más pequeña, el mundo no se para. Al contrario, la vida sigue más veloz que nunca, pasa por delante de ti, repitiéndose ese círculo vicioso elevado a la máxima potencia. Y sentirás que pierdes a las personas que quieres, sentirás que pierdes momentos maravillosos que jamás volverán, sentirás que las personas más importantes de tu vida siguen adelante sin ti.

Y por todo ello, volverás a encerrarte en ti misma, y volverás a hacerte daño y a llorar a oscuras y sola en tu habitación.

Pero el dolor no se queda tan sólo en el reparador llanto. Nuestro cuerpo, más inteligente que nuestra, a veces, abotargada mente, saca a relucir nuestros miedos, inseguridades, angustias y soledades dando algún signo de alarma.
Quizá tu cabeza parezca e
stallar. O quizá sientas desfallecer. A lo mejor te salen manchas en tu piel sensible. Pero puede que se te caiga el pelo. Algunos engordan, otros adelgazan. Algunos no pueden dormir, otros, no pueden levantarse de la cama porque la pesadez de su cuerpo es inaguantable.
Hay personas que, desde pequeñas, han padecido toda esta espiral de conformismo, miedo, vergüenza y complacencia. Son personas que han desarrollado un carácter hip
ersensible y frágil, personas vulnerables a un mundo cambiante y a veces cruel. Personas que ven cómo quienes les rodean se desenvuelven en un entorno que a ellas les resulta hostil; personas que se sienten paralizadas ante la aparente facilidad de los demás para expresar sus deseos o enfados, mientras ellas sólo sonríen y callan.

Son estas personas las que, bajo una máscara de felicidad, éxito, perfeccionismo y seguridad, están rotas por de
ntro debido a la fragilidad de su alma.

Sin embargo, es muy difícil conocer cómo piensan estos seres realmente. Mucho más difícil es saber que sufren, porque su relación con los demás deja entrever una felicidad aparente que hace pensar que son afortunadas.

Debido a esto, los demás pensarán que no tienes problemas, y te convertirás en un hombro sobre el que llorar. Dejarás de hacer algo muy importante que estabas haciendo cuando te llamen esas personas que, poco a poco, y no sabes cómo, se han convertido en los mejores amigos que jamás tendrás. Antepondrás sus necesidade
s y preocupaciones a las tuyas, y la relación funcionará a las mil maravillas porque eres una persona dispuesta a todo, y que no da problemas. Eres la persona que siempre está, sea cuando sea y para todo. Eres la persona que aparece cuando te lo piden, y cuando no. La persona que se ofrece, la persona que se recorre la mayor de las distancias para ver al otro feliz.
Serás la persona que los demás dan por hecho. Y como dan por hecho que estás, se centran en divertirse con las personas que emergen cuando hay que pasarlo bien y desaparecen cuando todo se tuerce. Porque cuando las cosas se complican, estás tú.

Y por eso, sentirás que tu teléfono no suena aunque estés deseando salir y divertirte. Tendrás que ser tú la que insistas. Tienes que ser tú la que inconscientemente te rebajes para enterarte de que los planes alegres ya están hechos. Por supuesto, tú estás siempre invitada, pero nadie te habrá llamado antes para confirmártelo, para hacerte sentir que cuentas. Tienes que ser tú misma la que, a riesgo de sonar pesada, te hagas oír.


Durante una temporada, para ti esto no supondrá ningún problema, porque las ganas de estar con la o las personas que más te importan superan cualquier obstáculo. Saldrás y te divertirás, y para la siguiente ocasión, serás tú quien te preocupes de llamar, insistir y "requeteinsistir "para ob
tener la misma respuesta: "ya sabes que cuando quieras puedes venir", "ya sabes que contigo siempre cuento/contamos". Algo que no te convence, pero, como no te queda otro remedio, asumes con resignación.
Pero llega un día que te cansas de ser el comod
ín, la carta que se da por supuesta y por la que nadie se esfuerza. La carta que se usa cuando es necesaria, y que se deja en la caja el resto de la partida, hasta que alguien vuelva a acordarse de ella, cuando alguien vuelva a necesitarla. La carta que, tras mucho intentar asomar la cabeza para hacerse valer, decide que es mejor quedarse dentro. Y la carta a la que las demás culpan de su propia soledad, porque jamás se queja, ni se quejará de esta situación.

Pero todas esas personas frágiles y sonrientes, un día se arman de valor y expresan su dolor, se quejan, se muestran desganadas en público. Y cuando llega ese gran día en el que se sienten liberadas y aliviadas, ven con asombro y mayor dolor que la reacción de la persona en la que más confían es de indignación por la salida de tono, de reproche por la actitud de queja, de agobio porque esa persona que nunca ha dado un problema necesita compañía, apoyo y un oído que las escuche, o un hombro sobre el que llorar. Porque necesitan un abrazo y que alguien haga por ellas lo que ellas no han dejado de hacer ni un minuto de su vida. Porque necesitan, simplemente, necesitan.
Una personalidad sensible, se hundirá en la más absoluta miseria ante esta reacción, y su vida volverá a entrar en la espiral de bloqueo, miedo, vergüenza y ofrecimiento, pero esta vez multiplicado por infinito.

No nos engañemos. Estas personas están a nuestro lado, no en los libros de psicología o en contextos "límite".
Son esas personas que aparecen cuando las necesitas, esas personas que jamás te pedirán nada, pero que te lo darán todo.
Esas personas con las que no cuentas para las fiestas o para divertirte realmente, salvo por compromiso o que te lo pidan. Esas personas a las que llamas o invitas para salir cuando insisten tanto que parece que "te da cosa".
Esas personas a las que no haces mucho caso a diario, pero que sabes al cien por cien que te contestarán cuando tengas algo que no puedas contar a nadie más. Esas personas que no te juzgarán, y que te apoyarán incondicionalmente. Esas personas a las que, aparentemente, no les molesta que les digas que no. Esa persona que da tanto sin esperar nada a cambio, salvo cariño. Esa persona a la que no entiendes mucho, pero que parece entenderte a ti. Esa persona que te "agobia" preguntándote cosas del mundo exterior y a la que respondes con evasivas, aunque sepas que hay mucho que contar, aunque sean tonterías. Esa persona que quiere saber banalidades, "cotilleos", cursiladas o sucesos insustanciales, y no sólo seguir hablando de los grandes problemas de la vida, a veces tan abstractos y comunes al resto de la humanidad.
Esa persona que tiene mucho que contar, pero se lo calla, porque quiere saber las cosas del día a día, que a ella no le suceden, porque tiene miedo. Esa persona que vive más a través de lo que ve y le cuentan que de aquello que le sucede en sus propias carnes, porque tiene miedo de sentir placer por el miedo del qué dirán. Esa persona que se siente feliz cuando confían en ella sin condiciones (para todo: lo bueno, lo malo; lo grande y lo pequeño; los problemas, pero también las diversiones -esas diversiones para las que "todos quedan", que todos planean... y para las que tú estás "siempre invitada"), porque la confianza las hace sentir útiles y valoradas, las iguala al resto, para bien o para mal.

Deja de engañarte. Esa persona a la que todo parece ir bien, que siempre te sonríe, que siempre está para ti... sufre tanto que ni te lo imaginas; llora tanto que le duele; siente un vacío tan grande en su interior que te asustarías... porque aparentemente lo tiene todo, jamás le ha faltado de nada, tiene más o menos éxito, parece infalible.

No te engañes
. Se siente tan sola y miserable que ha pensado miles de veces que la vida sería mejor sin ella. Tan incomprendida que el esfuerzo que hace por comprenderte le provoca náuseas. Tan caótica por dentro que tiene que agarrarse a un clavo ardiendo para mantenerse en pie. Tan falta de cariño, que piensa que quizá no lo merezca.

Esa persona con la que no cuentas pero das por hecho que estará cuando la necesites, corre peligro real, y te asustaría saber la cantidad de veces que has estado a punto de perderla. Quizá te des cuenta de quién era cuando ya no esté, cuando la hayas perdido y no sea posible recuperarla, cuando no conteste al teléfono... porque no hay nadie a ese lado de la línea.

Mientras tanto, recuerda que lo único que desea en esta vida, es que la quieran. Pero ella no da por supuesto que tú estás y que la quieres; necesita sentirlo para saberlo. Intenta demostrárselo; un abrazo, una llamada, una invitación, un paseo, un beso porque sí, aunque te parezca una tontería. No le hace falta mucho, porque siente que no ha tenido nada.

Sólo quiere que la quieran.


Es lo que yo más deseo en esta vida.


Beatriz




lunes 16 de noviembre de 2009

Tiempo de reflexión


A veces es necesario pararse a pensar en uno mismo, en lo vivido y en lo que esperamos vivir. El día a día en ocasiones es tan intenso que no podemos digerir lo que va aconteciendo en nuestras vidas. En otras ocasiones, esa aparente inconsciencia sobre nuestros actos, es voluntaria... cuando es demasiado doloroso lo que nos rodea, cuando queremos quedarnos en un pasado feliz sin mirar a un futuro incierto.
Sin embargo, llega un momento en todos nosotros en el que decidimos hacer balance de lo vivido, reflexiones sobre lo que queremos a corto, medio o largo plazo, ya que, en base a ello, quizá debamos cambiar algo o replantearnos lo que hasta ahora hemos hecho sin pensar.
Puede que no lleguemos a ninguna conclusión certera sobre el futuro, pero lo que es seguro, es que ese repaso interno es un gran ejercicio de auto-análisis.


domingo 8 de noviembre de 2009

Sous le ciel de Paris

Parece mentira cómo cambia una ciudad dependiendo del contexto en el que se visite. París siempre será París, atravesada por el Sena, plagada de cafés y restaurantes con encanto, llena de los más hermosos edificios y calles. Sin embargo, más allá de una ciudad de "postal", es un lugar adorable, si aprecias sus pequeños detalles, si la recorres sin las prisas del turista, si disfrutas de su día a día empapándote de su particular brillo.

Un encanto que quiero volver a vivir.

viernes 30 de octubre de 2009

Allanando el camino

Parece que el sentido común se abre camino en este mundo de locos. Es difícil que se imponga definitivamente, pues el planeta está poblado por más de seis millones de cabezas pensantes... Pero, "caminante no hay camino, se hace camino al andar". El camino es largo, con curvas y baches, pero con paso firme y tesón, se acaba allanando.

Leo hoy en la prensa que "Obama levanta la prohibición que impide la entrada en EE UU de seropositivos" (EL PAÍS, 30 de octubre de 2009), restricción que llevaba vigente desde 1987, durante la Administración Reagan.

Como el propio Presidente Obama ha afirmado, estas restricciones se basaron más en el miedo que en los hechos. Pero quizá sea necesario puntualizar que, además del miedo, los prejuicios juegan un papel muy importante en la discriminación a la que se ven sometidas las personas con VIH o SIDA.
La desinformación es peligrosa, pero también lo es el ruido generado por la mala información y el alarmismo.

Hoy día se dispone de información fiable y certera, accesible para gran parte de la población. Pero es muy difícil desterrar mitos que se han dado por buenos durante tantos años. Es muy difícil convencer de que lo que se ha tomado por verdadero durante tantos años, es falso. O, al menos, no tan verdadero como se creía. Los prejuicios están tan anclados en todos y cada uno de nosotros, que es difícil cambiar nuestro mapa mental.

Nuestras sociedades bienpensantes se llenan la boca de tolerancia y respeto. Pero, tras la falsa aceptación del diferente, se esconde la gran hipocresía de nuestra mentalidad acomodada a los patrones tradicionales. Todos somos tolerantes, abiertos y liberales. Pero, ¿aceptaríamos "todos" que el profesor de nuestros hijos fuera "diferente", en este caso, seropositivo? ¿Compartiríamos mesa, casa, barrio... con un enfermo de SIDA? ¿Le abrazaríamos? ¿Estamos dispuestos a desterrar los falsos mitos sobre el VIH, culpables de generar esta visión peyorativa del enfermo? ¿Estamos preparados para aceptar que, manteniendo unas precauciones básicas, estamos "libres" de contagio? ¿Estamos dispuestos a dejar de creer que mantener alejados a quienes no entran dentro de nuestros esquemas de "normalidad" es la solución? ¿Para quién es la solución?

Aún estamos lejos de encontrar una solución a esta terrible enfermedad, pero nos alejaremos aún más si no nos quitamos la venda de los ojos y abrimos nuestra mente al mundo real. La realidad es dura y cruel en muchas ocasiones, pero no podemos oscurecerla aún más con nuestra ceguera.

Entre la pasividad absoluta del "todo vale" y la obstinación de los prejuicios, existe un término medio, accesible y factible, basado en la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Asumir que todo acto tiene unas consecuencias, y tenerlo en mente siempre, y para todo, es la base de la responsabilidad. Asumamos que existen riesgos en la vida. Las imprudencias, se pagan; parece un eslógan sacado de una campaña de seguridad vial. Pero es aplicable a todos y cada uno de nuestros actos. La conducción temeraria aumenta las probablidades de sufrir un accidente, al igual que el contacto con una persona con varicela provocará el contagio en quien no la haya padecido ya. De la misma manera, practicar sexo sin precaución es la primera causa de contagio del VIH (lo cual no significa que haya que dejar de mantener relaciones sexuales; sexo sí, pero seguro).

Por todo ello, se agradecen gestos como el del Presidente Obama, eliminado esta restricción a la entrada de enfermos de VIH y SIDA en EEUU, vigente desde 1987. Este tipo de medidas discriminatorias, sin embargo, siguien siendo aplicadas en otros muchos lugares aún(Armenia, Arabia Saudí, Brunei, Irak, Corea del Sur, Moldavia, Omán, Qatar, Rusia, las Islas Salomón, Sudán y Yemen); pero tampoco hay que irse tan lejos para encontrar otro tipo de barreras que son tan duras como las físicas.

Luchemos pues, desde dentro de cada uno de nosotros, por ver el mundo con una mirada cada vez más libre de prejuicios.

sábado 3 de octubre de 2009

Desaire

"Snub for Barack Obama as Rio hosts 2016 Olympic Games"

Este es el titular con el que el británico "Times" pretendía resumir la eliminación de Chicago como sede olímpica frente a Río de Janeiro, Tokio y Madrid. Como un "desaire" a Barack Obama.

Esta eliminación ha sido calificada de desaire, entre otras cosas, porque el Presidente Obama y su esposa habían recorrido varios miles de kilómetros "solamente" para defender la candidatura de su ciudad en la lejana Copenhague. Quizá el mero hecho de haber hecho tan largo viaje y haber honrado a los daneses con su presencia les daba el derecho a llevarse a casa el título de ciudad organizadora de los Juegos de 2016.

Pero la realidad es diferente. Chicago competía con otras tres candidaturas igual de legítimas para obtener dicho título. En una competición unas veces se gana, y otras se pierde. Eso lo debería saber el señor Obama, quien hace un año compitió por el cargo que ahora ostenta.

¿Por qué el Times se toma esta eliminación como un desaire contra la persona del Presidente norteamericano? A Copenhague han viajado otras ilustres personalidades, para quienes la capital danesa tampoco estaba a una parada de metro.

En vez de considerar la eliminación de Chicago como un asunto personal, ¿por qué no alabar el trabajo de la delegación de Río de Janeiro? Quizá sea necesario un poco de autocrítica, y una lección de humildad. EEUU, empecemos de una vez a creérnoslo, no es el pueblo elegido. No es la guía del mundo. Y por ello, no puede pretender monopolizar aquello que nos pertenece a todos, llámese cine, política, cultura o deporte. Y unas Olimpiadas, más que ninguna otra cosa, son patrimonio de todos y cada uno de nosotrso; el espíritu olímpico recorre el mundo con su eterna antorcha.

Yo hoy tenía una corazonada, o, más que eso, una ilusión. Río y Chicago eran las candidatas, a priori, con más papeletas para llevarse el premio. Pero Madrid nos ha ilusionado a muchos con su proyecto, con su entrega y con su espíritu deportivo y trabajo de equipo (por una vez, hemos dejado las rencillas personales en casa, y la delegación que ha presentado la candidatura ha mostrado un comportamiento ejemplar, de unión e ilusión comunes).

El hecho de que los Juegos nunca se hayan celebrado en un país Latinoamericano, junto con la calidad de la candidatura brasileña, o el esfuerzo de la española, quizá hayan pesado más que el discurso ñoño de Michelle Obama, quien, no lo olvidemos, dejó el espíritu olímpico de lado, y prefirió recordar su más tierna infancia en un barrio obrero de Chicago. Ese tipo de discursos puede que sean más apropiados en otro contexto, made in USA. Para el día de hoy, se necesitaba algo más. ¿Acaso se pensaba el mundo entero, que Obama va a ganar todo tipo de elecciones tras haber ganado las suyas propias? Sinceramente, hace casi un año ya el proyecto Obama me generó una gran ilusión frente al mediocre y dañino George W. Bush. Por supuesto, jamás pensé que el actual presidente fuese a solucionar todos los males de la humanidad, pero parecía inaugurar una nueva forma de hacer política en EEUU. Una nueva forma de dirigirse al mundo. El "yes, we can" se convirtió en el símbolo del cambio, al menos en las formas. Pero con actitudes como la de hoy, parece que todo ha quedado en un sueño; puede que las cosas no vayan a cambiar tan rápido... (¿Algún día los estadounidenses dejarán de referirse a su país como "América"? Hoy Obama expresaba ante el mundo su deseo de que los Juegos se celebrasen en América; pues bien, lo ha conseguido, se celebrarán en América. Aunque mucho me temo que no es la América a la que se refería).

Hoy en Copenhague no se trataba del sueño americano. Se trataba del sueño olímpico. Y ese sueño, no es patrimonio de los yankis. ¿Se ha olvidado el Times dónde nacieron las olimpiadas hace ya unos cuantos años?

Dejémonos de desaires, y celebremos que, por suerte, los Juegos Olímpicos no tienen fronteras.

Felicidades, Río.