... y una tarde por las calles de Madrid. Donde el frío penetra por los huesos, pero donde el sol en la cara despierta las más agradables sensaciones. Donde sus estrechas y empinadas calles del centro invitan a perderse y recordar, soñar e investigar, desear y sonreír.
Madrid, esa ciudad castiza pero moderna. Grande, pero manejable. Europea, pero cercana. A veces agobiante, pero siempre acogedora. Madrid, odiada o adorada, según los ojos que la miren, según el alma que la viva.
Porque Madrid, no hay que visitarla, sino vivirla. Una cosa es pasar por ella como el turista que sólo ambiciona ampliar su lista de destinos, y otra muy distinta dejarse tocar por todos sus encantos, recorrer sus calles sintiendo la historia, dejándose envolver por su magia. Disfrutar de un bocadillo de calamares en las tascas más decadentes del entorno de la Plaza Mayor. Tomarse unas cañas, acompañadas de sus tapas, en el bullicio de La Latina. Dejarse llevar por sus contrastes... Porque Madrid es una ciudad de contrastes. En la que conviven pasado y presente, lo antiguo y lo moderno, la tradición y la innovación, lo acogedor y lo mundano... Madrid es una gran metrópoli, pero también un pueblo igual que cualquier otro de la vieja Castilla.
A pesar de la distancia, si has vivido Madrid (no confundir con vivir "en" Madrid), Madrid sigue viviendo en ti. Nada será comparable con el regusto de una capital sin rival. Una capital donde el anonimato y la cercanía conviven sin peleas. Donde las discotecas de referencia se mezclan con los bares de toda la vida.
Una ciudad donde no podrás sentirte fuera de lugar, porque en Madrid cada uno encuentra su sitio. Y sobre todo, un cruce de sentimientos, de recuerdos, de pasado, presente y futuro. De amistades que marcarán para toda la vida, estén o no estén presentes en tu día a día, estén o no a tu lado, sigan ahí o hayan desaparecido sin saber por qué.
Hace tiempo me dejé llevar por la prosa de Juan Rulfo, versionada por Sabina... llena de belleza y dolor.... "En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...". Sin embargo, y a pesar de que las palabras de Rulfo den mucho que pensar... "el corazón tiene razones que la propia razón no entiende"... y la felicidad que Madrid ha compartido generosamente conmigo no puede competir con el vacío que queda tras la partida, por lo que de una u otra manera, siempre volveré, unas veces a recordar con melancolía y dolor, otras, a dejarme llevar por el cariño de quien Madrid me regaló.
Madrid, esa ciudad castiza pero moderna. Grande, pero manejable. Europea, pero cercana. A veces agobiante, pero siempre acogedora. Madrid, odiada o adorada, según los ojos que la miren, según el alma que la viva.
Porque Madrid, no hay que visitarla, sino vivirla. Una cosa es pasar por ella como el turista que sólo ambiciona ampliar su lista de destinos, y otra muy distinta dejarse tocar por todos sus encantos, recorrer sus calles sintiendo la historia, dejándose envolver por su magia. Disfrutar de un bocadillo de calamares en las tascas más decadentes del entorno de la Plaza Mayor. Tomarse unas cañas, acompañadas de sus tapas, en el bullicio de La Latina. Dejarse llevar por sus contrastes... Porque Madrid es una ciudad de contrastes. En la que conviven pasado y presente, lo antiguo y lo moderno, la tradición y la innovación, lo acogedor y lo mundano... Madrid es una gran metrópoli, pero también un pueblo igual que cualquier otro de la vieja Castilla.
A pesar de la distancia, si has vivido Madrid (no confundir con vivir "en" Madrid), Madrid sigue viviendo en ti. Nada será comparable con el regusto de una capital sin rival. Una capital donde el anonimato y la cercanía conviven sin peleas. Donde las discotecas de referencia se mezclan con los bares de toda la vida.
Una ciudad donde no podrás sentirte fuera de lugar, porque en Madrid cada uno encuentra su sitio. Y sobre todo, un cruce de sentimientos, de recuerdos, de pasado, presente y futuro. De amistades que marcarán para toda la vida, estén o no estén presentes en tu día a día, estén o no a tu lado, sigan ahí o hayan desaparecido sin saber por qué.
Hace tiempo me dejé llevar por la prosa de Juan Rulfo, versionada por Sabina... llena de belleza y dolor.... "En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...". Sin embargo, y a pesar de que las palabras de Rulfo den mucho que pensar... "el corazón tiene razones que la propia razón no entiende"... y la felicidad que Madrid ha compartido generosamente conmigo no puede competir con el vacío que queda tras la partida, por lo que de una u otra manera, siempre volveré, unas veces a recordar con melancolía y dolor, otras, a dejarme llevar por el cariño de quien Madrid me regaló.


